PHOTOGRAPHY POSING SECRETS!!!! BOLIVIA FOTOGRAFICA

fotografías de rodrigo aliaga ibargüen

Los Mil y un Rostros


En las ultimas semanas, los medios se han ocupado de informar ampliamente de fugas de refugiados políticos, asambleístas con sentencia y prófugos, redes de corrupción al interior de la policía y las entidades judiciales, jueces suspendidos que continúan ejerciendo funciones, etc… Y si retrocedemos, desde las ultimas semanas hasta la última década, la lista se multiplica y este escenario devela actores que juegan sus roles en toda la estructura social y gubernamental sin respetar a nada ni a nadie.

La lectura de esta situación me permite identificar muchos rostros de la justicia boliviana. El rostro de la “justicia de Jueces y Fiscales” quienes, parecería que tienen una propia lectura de las leyes, y si no pregúntenles a varios de estos actores que se encuentran al interior de la penitenciaría de Palmasola. Está también, el rostro de la “justicia política” movida por el motor ideológico. Personajes acusados de todo y de nada que se someten a juicios en los que la verdad no tiene chance alguno, motivo por el cual están en la cárcel o deciden fugar. La policía también ayuda a darle un rostro diferente a la justicia, “justicia institucional”, cuando por iniciativa propia decide armar una estructura con sus propias leyes y en su propio beneficio. Hasta la “justicia comunitaria” tiene su rostro en este careo de la justicia.

Mil y un Rostros, 1957, Peter Keetman, Museum Ludwig Colonia
Éste mi sencillo análisis me permite comparar la fotografía de  Peter Keetman (fotógrafo alemán 1913 – 2005) cuyo título resume a cabalidad mi visión de la justicia boliviana: “Mil y un rostros”.
Técnicamente Keetman aprovecha el fenómeno físico de la refracción de las gotas de agua, ordenadas en una rejilla metálica. Pero en un orden aleatorio, que no responde a una lógica establecida (como debería hacerlo La Justicia) a través de las cuales se refracta la imagen de un rostro que en la imagen aparece totalmente desenfocado. Priman aquí los mil y un rostros, las mil y un gotas que hacen de lentes, y si miramos detenidamente cada una de las gotas, refracta una parte diferente del rostro según se encuentre en la parte superior, inferior, derecha o izquierda. Acertadamente podríamos decir: “Depende del lente con el que se vea”. Y lo mismo pasa con la justicia boliviana, depende del lente con que se vea para determinar a quién favorece.

Quizás la foto no es muy conocida, pero sí la realidad de la justicia boliviana que no deja de sorprender con sus procesos. Analistas, profesionales de las leyes, Derechos Humanos, población en general, Gobierno, todos coinciden con la profunda crisis de la justicia, pero casi nada se hace al respecto. Si fotografiáramos la justicia boliviana, quizás se vería como la foto de Keetman, donde no se ve el verdadero rostro, el desenfocado, el que quisiéramos conocer. Sólo podemos ver los mil y un rostros que tanto daño nos hacen.

NIÑOS A CONTRALUZ

Lo que está pasando (desde hace décadas) en las cárceles bolivianas es realmente deplorable. Niños  que viven en los recintos penitenciarios con sus padres pagando un crimen del que no tienen culpa alguna, poniendo en riesgo su integridad física y sicológica, además de asimilar el entorno inmediato como algo natural cuando la sociedad precisamente ha recluido a los condenados para corregir y pagar por sus errores. Es más, ya se han denunciado ataques sexuales y violencia física en contra de algunos niños, situación que inquieta a toda la sociedad menos a los padres encarcelados que hacen lo posible por que sus hijos continúen en ese ambiente nocivo.

Georgi Zelma
Calle asiática cubierta con hombre y niño, 1926
Museum Ludwig Colonia
Toda esta situación me transporta a visualizar una imagen de Georgi Zelma, fotógrafo documentalista nacido en Uzbekistán (1906 – 1984),  en la que precisamente un niño se ve en esa dimensión, en la oscuridad, en la incertidumbre. Si bien hay un adulto en la foto -al igual que en las cárceles viven con su padre o madre- la genialidad y la técnica del fotógrafo logran que el niño, aún acompañado, se vea en el más completo desasosiego, tal cual es nuestra realidad. Técnicamente hablando se encuentran en un contraluz que en términos narrativos tiene mucha fuerza. 


En la fotografía, por una elección de Zelma, el fondo esta correctamente expuesto, lo que induce a ver con mayor claridad el ruinoso fondo de la calle, distinguimos claramente la calamitosa construcción en madera y lo que en otro tiempo pudo ser el techo, que a su vez proyecta una sombra en el piso que hace más dramática la situación. Casi una reja de fierro que emerge del piso de tierra para envolverlos, diría encarcelarlos.
Se me antoja sacudir las telas del techo para llenar el espacio de polvo y tierra y convertir la imagen en un espacio mucho más ruinoso y que pueda reflejar más acertadamente lo que se ve en los panópticos del país. Cuántas veces hemos visto u oído acerca de la lamentable situación de las cárceles: hacinamiento, misérrimo estado de las edificaciones,  poca o ninguna higiene y salubridad. Y hoy en día: abuso a menores.

Esta sensacional foto (por que apela a las sensaciones) refleja esa calle asiática de 1926, e involuntariamente,  las cárceles bolivianas del 2013. En ambas los niños son los actores y las sensaciones no dejan de causar escalofríos de sólo pensar en su futuro  (si es que no se quedan a contraluz).

Silk with Provenance


“Reciclar todo lo que se pueda, como se pueda está bien, pero darle un componente estético de alta calidad es aún mejor.” Son las palabras de Claudia Perez, una emergente diseñadora boliviana, al explicar su línea de diseño de blusas de materiales recuperados, descontinuados y reutilizados. Se trata de una línea fresca de ropa femenina hecha con retazos de seda de corbatas, combinadas de tal forma que en su nuevo diseño se aprecia el buen gusto y la habilidad de re-inventar formas y colores. Diseños únicos y de edición limitada. 

Si quieres leer más sobre este tema sigue este enlace:
http://www.thefashionglobe.com/silk-with-provenance#!prettyPhoto

Jaque mate a La Paz.

Tantas marchas, bloqueos, exigencias, peticiones, reclamos de justicia, presupuesto, trabajo, menos trabajo, en fin, derroche de fuerza y agentes químicos hacen que los habitantes de la ciudad de La Paz generemos actitudes y posiciones de todo tipo. Desde la rabia más impotente hasta la indiferencia total. Y precisamente analizando esa serie de sentimientos que son puestos a prueba todos los días.... se me ocurrió plasmar en fotos (desde mi cómodo e improvisado escritorio sobre un tablero de ajedrez) esas situaciones o por lo menos algo de ellas. Quienes viven en esta ciudad se darán cuenta que son visiones cotidianas... es más, ya son parte de nuestra actividad. Para quienes no la conocen, además de invitarlos a venir y conocer, les doy una muestra...



La división entre unos y otros se hace evidente cuando todos deberíamos estar unidos.


Todos se sienten con derecho a reclamar... y lo tienen, pero nadie se pone a pensar que la solución puede venir por otro lado sin atropellar a los demás.

Aunque no los veas... están ahí...


y como si fuera poco....... Desfile cívico voluntario/obligatorio.

El "viene y va" de la COCA.

En tiempos en los que la coca y la cocaína se interrelacionan, a veces mucho y a veces nada, de acuerdo a la posición política y a la cosmo-visión, encuentro sano dar una mirada “objetiva” a la hoja de coca. Pero una mirada a través del cristal de mi lente, ya sea un teleobjetivo o un gran angular, o simplemente una mirada atenta para conocer el lugar donde se la cultiva, el terreno y su preparación (que no había sido tan fácil como lo pintan), quiénes lo hacen y cómo lo hacen, y finalmente que uso le dan…..


Resulta que la producción de hoja de coca está avasallando los Yungas paceños. Lo que en otro tiempo fueron bosques semi-tropicales, hoy son terrazas que decoran geométricamente el paisaje yungueño. Cultivo tradicional le llaman, en el terrazeado del terreno se construye la base del wachu (escalón) y la umacha (cama para plantar). Esto permite al almácigo crecer seguro y cubierto hasta el período de la cosecha que es realizada generalmente por los niños y mujeres de la familia.




Posteriormente se hace secar la hoja de coca al sol, ya sea en un kachi (patio enlozado rodeado de paredes) o en redes extendidas en el piso. Girándolas cada cierto tiempo con una escoba de arbusto seco.












La coca seca se la pesa en saquillas de nylon (ya no prensadas en cubos como lo hacían en años anteriores) y puesta a la venta en todo el país.

Lejos estoy de saber exactamente el uso que se le da a la cada vez mayor producción de coca (es como ponerle la tapa al lente), pero si he podido verificar el uso tradicional, para el pijchu o boleo como le llaman en el oriente y en los rituales culturales ancestrales. Aymaras, Quechuas y Guaranies…. todos la usan por igual, mezclada con lejía, “bico” (bicarbonato) o esparcida sobre el aguayo en torno a los comunarios, da igual…. Más allá de lo que puedo mostrar está la conciencia de quienes la usan para bien o para mal.




Los Chipayas, cultura milenaria.


Pasaron 18 años de cuando conocí los detalles de la cultura Chipaya hasta cuando pisé tierra Chipaya. Pero más allá de mi lento logro, el hecho de poder rescatar con mi lente lo que en teoría conocí, es lo que ahora me impulsa a compartir esta mi grata experiencia.
Los Putukus, nombre de las estructuras de adobe de forma icónica, son los primeros personajes que dan la cara de la ancestral cultura, a decir de los expertos, de las más antiguas en éste lado del continente. Construidas con el ingreso mirando al este, albergan a habitantes que permanecen incólumnes ante el avasallamiento de la globalizacion. Se niegan (las mujeres sobre todo) a vestir con tejidos que no sean los suyos, menos hablar de nylon u otras fibras. Las simbas que trenzan a las mujeres reflejan su paciencia y entereza, que permitirán a las futuras generaciones conservar su idioma (pukina) y sus costumbres.


Todos andaban de fiesta, motivo por el cual dejaron su faena agrícola. Siembran quinua y papa, y pese al intenso frío de la región crían camelidos.


Pero lo más impactante son los hombres, mujeres, niños.... todos los Chipayas que visten tejidos de oveja y alpaca y hablan Pukina. Sus miradas, sus posturas..... iguales a las de cualquier otro ser humano.... con la diferencia que ellos tienen que luchar contra el mundo entero para seguir siendo quienes son... los Chipayas!

Ay los Carnavales....quién inventaría!






En Febrero comenzamos nuevamente a respirar los aires carnavalescos.... Para muestra comparto algunas imágenes de los ch'utas paceños, que junto al pepino y los cuetillos, nos incitan al baile y la jarana....