PHOTOGRAPHY POSING SECRETS!!!! BOLIVIA FOTOGRAFICA

fotografías de rodrigo aliaga ibargüen

COMO CUANDO TE SUBES AL TRUFI

De un tiempo a esta parte los vehículos de transporte público, los Trufis, decidieron poner en circulación unos autos de tres filas de asientos y solamente cuatro puertas. Los trufis de 4 puertas llevando a 5 pasajeros (inaudito) pasaron a la historia; son cada vez menos pero las incomodidades son más. 

Ahora este "eficiente" transporte público lleva 8 pasajeros distribuidos de la siguiente forma: 2 pasajeros adelante. El asiento central sobre el freno de mano y la caja de cambios permanece intacto pese a la incomodidad, y sobre todo, la inseguridad que esto conlleva. En la fila de asientos del medio, entran dos pasajeros en los asientos originales, vale decir cómodamente sentados si son personas de estatura y peso estándar. Pero además queda el asiento al lado de la puerta derecha del vehículo que es una suerte de taburete tipo transformer que se dobla para dejar pasar pasajeros a la fila de atrás. Digo taburete por que el ancho está reducido a un espacio inferior al tamaño de unas nalgas normalitas que puedan posarse cómodamente. Lo llamo transformer porque esta construido en fierro sólido que se contrae hacia adelante para dejar un espacio ridículo para pasar a la última fila. Si tienes suerte no rasgará tu pantalón con los ángulos de fierro soldado del taburete. Y para finalizar está la última fila de asientos en la que deben caber tres personas. Mala suerte si el pasajero del fondo debe bajar, porque 3 personas tendrán que descender para dar paso, a lo mejor en medio de la calle.

En una rápida apreciación, es como ir en una lata de sardinas. Tanto nos habíamos quejado de los minibuses que ponen en riesgo a los pasajeros que bajan continuamente para dar paso a quienes se quedan en la "esquina" y ahora que pasa exactamente lo mismo con los trufis nadie dice nada. No hay quien reglamente las características que deben tener los vehículos de transporte público para brindar un servicio cómodo y seguro.

¿Quién dejó la puerta abierta?

"Dejar la puerta abierta" significa mantener la esperanza para que algo que deseamos suceda. En una relación de pareja rota, "dejamos la puerta abierta" con la esperanza que se pueda restablecer. En una negociación "dejamos la puerta abierta" para que la contraparte se tome su tiempo para cerrar el trato.

Sin embargo "dejar la puerta abierta" tiene otras implicancias: Dejar la puerta abierta deja salir todo. Y eso esta sucediendo, en el mundo de los fiscales, alguien dejó la puerta abierta y ahora salen a raudales las denuncias de corrupción y extorsión.

Según datos de la propia Fiscalía General del Estado, el año pasado, de aproximadamente 500 fiscales en todo el país 200 tenían procesos disciplinarios y penales.

Para imaginar esta realidad elegí la fotografía del norteamericano Ralph Gibson
De la serie: El Sonambulista (1968) Ralph Gibson
Como se aprecia en la fotografía, y lo que caracterizó el trabajo de este artista, es la elección de película de grano grueso lo que confirió a su trabajo una estética más bien gráfica. Parece más un dibujo que una fotografía.

La luz que proviene del interior de la habitación (aparentemente originadas en dos fuentes de luz) proporciona a la puerta y a la mano un intenso brillo, casi diría sobrenatural. ¿Es realmente una mano humana, divina, del más allá? Por otro lado, la fotografía está ligeramente inclinada hacia la izquierda lo que ocasiona un desequilibrio, generando así un movimiento continuo. ¡Está sucediendo! 
Al igual que las denuncias a los fiscales se están llevando a cabo hoy, éstos días y desde hace mucho tiempo. A tanto llega el problema, que existen asociaciones de personas afectadas por las cuestionadas acciones de algunos fiscales y que protestan en las calles. Por un equilibrio natural también protestan quienes apoyan al cuestionado fiscal y parecería fueron contratados para tal propósito. Todavía hay más, el propio Fiscal General de la Nación en un continuo trabajo de destitución a fiscales probadamente corruptos tiene que instruir a algunos de los fiscales se comporten a la altura de sus funciones y cumplan con sus obligaciones civiles.

Alguien dejó la puerta abierta y difícilmente se volverá a cerrar. Pero eso es bueno, con la puerta abierta se podrían solucionar los problemas. No me gustaría oír en un futuro cercano que un fiscal es asesinado como medida desesperada para cerrar la puerta.



Mondrian en La Paz


Andar por la ciudad para un fotógrafo implica agudizar la mirada para descubrir nuevos puntos de vista que nos permitan apreciar, de distinta forma, lo que vemos todos los días. En el ejercicio de esa interminable búsqueda me di de frente con un edificio que escogió para su fachada un estilo de pintura bastante especial, tanto así que lo primero que me dije fue: "Mondrian está en La Paz".

Mondrian by H. Kranen
Esta edificación está pintada al mejor estilo neoplasticista, del pintor holandés Piet Mondrian. Éste artista trataba de entender al universo a partir de la "retícula cósmica" representada por figuras geométricas básicas (líneas y rectangulos en colores básicos) y repudiando las características sensoriales como la textura, eliminando las curvas y todo lo formal. Un claro ejemplo son sus pinturas no figurativas a las que llamó "composiciones" de formas rectangulares en rojo, amarillo, azul y negro. Separadas por lineas gruesas y delgadas de color negro. Todo esto como resultado de una evolución estilística del autor.

La fachada de esta edificación logra, con el uso de los rectángulos de colores mimetizados con los rectángulos de las ventanas, un dinamismo particular. Genera un movimiento diagonal que atraviesa todo lo ancho del edificio, desde el primer hasta el último piso.

Grata sorpresa al ver que existen profesionales entusiastas que tratan de innovar en la estética de nuestra ciudad. Es importante mencionar que este entusiasmo fue aplicado en la década de los 80s por los cosméticos L'Oreal en su campaña de productos para el cabello. También el grupo musical australiano SilverChair, diseñó la tapa de su album "Young Modem" (2007) en el mismo estilo.

En mis próximas incursiones urbanas trataré de detectar nuevas iniciativas artísticas.

Los Mil y un Rostros


En las ultimas semanas, los medios se han ocupado de informar ampliamente de fugas de refugiados políticos, asambleístas con sentencia y prófugos, redes de corrupción al interior de la policía y las entidades judiciales, jueces suspendidos que continúan ejerciendo funciones, etc… Y si retrocedemos, desde las ultimas semanas hasta la última década, la lista se multiplica y este escenario devela actores que juegan sus roles en toda la estructura social y gubernamental sin respetar a nada ni a nadie.

La lectura de esta situación me permite identificar muchos rostros de la justicia boliviana. El rostro de la “justicia de Jueces y Fiscales” quienes, parecería que tienen una propia lectura de las leyes, y si no pregúntenles a varios de estos actores que se encuentran al interior de la penitenciaría de Palmasola. Está también, el rostro de la “justicia política” movida por el motor ideológico. Personajes acusados de todo y de nada que se someten a juicios en los que la verdad no tiene chance alguno, motivo por el cual están en la cárcel o deciden fugar. La policía también ayuda a darle un rostro diferente a la justicia, “justicia institucional”, cuando por iniciativa propia decide armar una estructura con sus propias leyes y en su propio beneficio. Hasta la “justicia comunitaria” tiene su rostro en este careo de la justicia.

Mil y un Rostros, 1957, Peter Keetman, Museum Ludwig Colonia
Éste mi sencillo análisis me permite comparar la fotografía de  Peter Keetman (fotógrafo alemán 1913 – 2005) cuyo título resume a cabalidad mi visión de la justicia boliviana: “Mil y un rostros”.
Técnicamente Keetman aprovecha el fenómeno físico de la refracción de las gotas de agua, ordenadas en una rejilla metálica. Pero en un orden aleatorio, que no responde a una lógica establecida (como debería hacerlo La Justicia) a través de las cuales se refracta la imagen de un rostro que en la imagen aparece totalmente desenfocado. Priman aquí los mil y un rostros, las mil y un gotas que hacen de lentes, y si miramos detenidamente cada una de las gotas, refracta una parte diferente del rostro según se encuentre en la parte superior, inferior, derecha o izquierda. Acertadamente podríamos decir: “Depende del lente con el que se vea”. Y lo mismo pasa con la justicia boliviana, depende del lente con que se vea para determinar a quién favorece.

Quizás la foto no es muy conocida, pero sí la realidad de la justicia boliviana que no deja de sorprender con sus procesos. Analistas, profesionales de las leyes, Derechos Humanos, población en general, Gobierno, todos coinciden con la profunda crisis de la justicia, pero casi nada se hace al respecto. Si fotografiáramos la justicia boliviana, quizás se vería como la foto de Keetman, donde no se ve el verdadero rostro, el desenfocado, el que quisiéramos conocer. Sólo podemos ver los mil y un rostros que tanto daño nos hacen.

NIÑOS A CONTRALUZ

Lo que está pasando (desde hace décadas) en las cárceles bolivianas es realmente deplorable. Niños  que viven en los recintos penitenciarios con sus padres pagando un crimen del que no tienen culpa alguna, poniendo en riesgo su integridad física y sicológica, además de asimilar el entorno inmediato como algo natural cuando la sociedad precisamente ha recluido a los condenados para corregir y pagar por sus errores. Es más, ya se han denunciado ataques sexuales y violencia física en contra de algunos niños, situación que inquieta a toda la sociedad menos a los padres encarcelados que hacen lo posible por que sus hijos continúen en ese ambiente nocivo.

Georgi Zelma
Calle asiática cubierta con hombre y niño, 1926
Museum Ludwig Colonia
Toda esta situación me transporta a visualizar una imagen de Georgi Zelma, fotógrafo documentalista nacido en Uzbekistán (1906 – 1984),  en la que precisamente un niño se ve en esa dimensión, en la oscuridad, en la incertidumbre. Si bien hay un adulto en la foto -al igual que en las cárceles viven con su padre o madre- la genialidad y la técnica del fotógrafo logran que el niño, aún acompañado, se vea en el más completo desasosiego, tal cual es nuestra realidad. Técnicamente hablando se encuentran en un contraluz que en términos narrativos tiene mucha fuerza. 


En la fotografía, por una elección de Zelma, el fondo esta correctamente expuesto, lo que induce a ver con mayor claridad el ruinoso fondo de la calle, distinguimos claramente la calamitosa construcción en madera y lo que en otro tiempo pudo ser el techo, que a su vez proyecta una sombra en el piso que hace más dramática la situación. Casi una reja de fierro que emerge del piso de tierra para envolverlos, diría encarcelarlos.
Se me antoja sacudir las telas del techo para llenar el espacio de polvo y tierra y convertir la imagen en un espacio mucho más ruinoso y que pueda reflejar más acertadamente lo que se ve en los panópticos del país. Cuántas veces hemos visto u oído acerca de la lamentable situación de las cárceles: hacinamiento, misérrimo estado de las edificaciones,  poca o ninguna higiene y salubridad. Y hoy en día: abuso a menores.

Esta sensacional foto (por que apela a las sensaciones) refleja esa calle asiática de 1926, e involuntariamente,  las cárceles bolivianas del 2013. En ambas los niños son los actores y las sensaciones no dejan de causar escalofríos de sólo pensar en su futuro  (si es que no se quedan a contraluz).